20 de mayo de 2002
Le Pen, sepulturero del 68
Toda Europa se ha estremecido por los buenos resultados electorales de Le Pen en Francia y por la debacle de la izquierda sosa y bienpensante representada por Jospin. La mayoría de analistas se han limitado a decir que "es un peligro el ascenso de la extrema derecha", o que "los viejos fantasmas aún siguen vivos". Al mismo tiempo, un intelectual mucho más refinado, Pim Fortuyn, era asesinado a balazos y conseguía, después de muerto, el segundo puesto en las elecciones de Holanda.

Tanto Le Pen como Fortuyn tenían un programa político basado, sobre todo, en frenar la inmigración. Le Pen es un viejo fascista, y Fortuyn era absolutamente indefinible (y mucho más peligroso).

Nadie de los que he leído se ha dado cuenta de que la victoria de Le Pen es el entierro en toda regla de la ideología que sustentó el 68. Francia parece hastiada de toda una generación de intelectuales que basó su discurso en el cinismo más absoluto, y que sólo se preocupó seriamente cuando pudo llenarse los bolsillos en los mejores despachos del país.

La izquierda europea hace aguas, torpedeada por la crítica cultural posmoderna, que la ha alejado de su único terreno legítimo, que es la calle.

Hacía tiempo que las izquierdas se habían enfangado en posturas antiprogresistas, y sólo quedaba un cadáver ambulante y momificado, que empezaba a oler mal, hasta que llegó Le Pen a darle sepultura.

Francia, el país de la Revolución y de la Ilustración, ha preferido votar a un absurdo demagogo antes que a su izquierda. La población no entiende que se permita la llegada de avalanchas de inmigrantes, cuando la única perjudicada por esta entrada masiva de mano de obra no cualificada es la clase media baja, precisamente aquella que debería de defender la izquierda.

El verdadero debate de la política actual no es la lucha de clases, que hace tiempo que quedó atrás, ni la lucha de los sexos, que a nadie le importa ya porque nunca ha existido, sino la lucha de culturas, la tensión entre la cultura autóctona de un país y las hordas bárbaras que aterrizan ilegalmente en un país con la única arma de su propia desnudez.

Es evidente que el ideario político de la izquierda tradicional no está preparado para esta nueva realidad, y es evidente que los dirigentes de la izquierda son incapaces de hacer mucho más que sonreir delante de los micrófonos y pasearse con unos cuantos cartelitos por la calle. Tal vez sepan que no puede cambiar su discurso, a estas alturas, o tal vez estén esperando que el famoso "péndulo" vuelva a su lugar, como si fueran vulgares directivos de una punto com.

Pim Fortuyn era un ciudadano que planteó soluciones concretas, y con un partido con sólo tres meses de vida, ha llegado al segundo puesto. Nunca se sabrá hasta dónde podría haber llegado de seguir vivo, pero es seguro que decenas de Fortuyns están por aparecer en Europa, nuevos políticos que pueden escandalizar a los estómagos más agradecidos de la democracia, pero que pueden aportar un discurso completamente libre de la ferralla ideológica, completamente trasnochada, de las derechas y las izquierdas.

Le Pen, por su parte, jamás gobernará Francia, ni tan siquiera su legado político significará nada, pero sí que le cabrá el honor de haber sido quien haya sellado el cofre del muerto, la generación del 68.

16:03:00 ---------------------  

2016 en Denia (Alberto Noguera)
El implacable retrato del desencanto y la corrosión de las ilusiones en la España de principios de siglo.
Comprar por 3,59€ en Amazon.


© A. Noguera

"Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua".
Jorge Luis Borges


Leer los archivos

Entradas destacadas:
Pepito Relámpago - Pepita Nuncabaja - Seis meses en meetic - Etapas de la burbuja